Del Urabá a la Nieve es una serie de expediciones que quieren acercar a jóvenes de municipios –rurales y urbanos– a conocer el lugar donde nace el agua. Conozca más sobre esta iniciativa.
Urabá es una tierra anfibia. Al lado de uno siempre hay una quebrada o un río. O cae una llovizna tierna. De repente, en un paseo al río, un niño pregunta de dónde viene tanta agua. “De la montaña –le responde el amigo, señalando el pico verde que hay al fondo– y de bien lejos, de los nevados”. Desde entonces una semilla crece en el cerebro de ese niño como la mala hierba: el deseo de conocer la nieve.
Natalia Acuña y Julián Cote eran profesores en una escuela en Urabá cuando conocieron al niño. Y como toda proeza nace en un arranque de insensatez, en un arrebato lleno de ilusión, Natalia dijo: “Llevémoslo al Cocuy, podemos ir los tres en la moto”. A lo que Julián respondió, subiendo la apuesta: “¿Y si nos vamos con una docena hasta Manizales, al Parque de los Nevados?”.
El año pasado se llevo a cabo la primera expedición Del Urabá a la Nieve, un viaje que lleva a treinta jóvenes de varios municipios –rurales y urbanos– a conocer el lugar donde nace el agua. “Se trata de fortalecer vínculos entre jóvenes del Urabá que sueñan en grande –dice Julián–, el Urabá está lleno de personas que aman la vida y que sueñan con un futuro más justo e igualitario, donde las oportunidades no sean el privilegio de unos pocos”.

Para Julián y Natalia la travesía a los nevados no busca hacer énfasis en que el Urabá ha sido una región olvidada. Dicen que habría que preguntarse quiénes son los que se olvidaron de ella. “Aquí los jóvenes se sienten afortunados por vivir donde hay agua en todas partes, donde los cultivos crecen todo el año y donde la gente es amable, trabajadora y solidaria. Acá hay un pueblo que se resiste a caer en el odio y la violencia”.
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Hay una generación de colombianos que está aprendiendo a reconocerse desde el territorio. Hay una “memoria ambiental” en surgimiento que identifica la forma en que se ha abusado de la ecología y los recursos que cada lugar ofrece. Viento y sol en La Guajira, pesca y arroz en el Chocó, frutales en Amazonas. Donde sea, el reconocimiento del territorio hace posible unir el desarrollo del país con la identidad de las regiones. De ahí que la expedición Del Urabá a la Nieve sea una manera brillante de enlazar territorios y crear representaciones de un lugar basadas en el funcionamiento de los ecosistemas y no en las ideologías que nos dividen.
Pero además es una experiencia de realización y satisfacción personal. “En últimas –dicen los fundadores de la travesía– cuando los pelados llegan a los 5.000 metros de altura y se dan cuenta de que el esfuerzo los llevó hasta allá paso a paso –desde creer que ese sueño se podía cumplir y conseguir parte del dinero para hacerlo realidad, hasta alcanzar la cumbre– la pregunta que esperamos se hagan es: ¿qué más puedo lograr de ahora en adelante?”.
Bien llevado a cabo, el viaje siempre ha servido para conocerse, el de los místicos, los naturalistas o los aventureros.
“Los jóvenes pueden sacar de esta experiencia lo que ellos quieran, nosotros les brindamos todas las herramientas que podemos, hay toda una agenda de actividades: talleres de liderazgo, visitas a fábricas de alimentos, conversatorios con expertos sobre el cuidado del agua, encuentros con alpinistas de la talla de Ana Giraldo, que fue de las primeras colombianas que subió el Everest y un encuentro con estudiantes de un colegio privado de Manizales para intercambiar experiencias y crear empatía”.

Puede surgir el deseo de quedarse a vivir en otro lugar y eso es maravilloso. Pero hay otros viajeros que sacan de la experiencia algo útil para su pueblo. Tal es el caso de Plinio Chavari, un indígena emberá de la comunidad Guapá Alto que recorrió Manizales y quedó fascinado con sus montañas, el cine y las universidades. Allá se dio cuenta de que quería estudiar medicina y luego regresar a su resguardo para combinar la ciencia con el conocimiento ancestral de los mayores.
Faltan pocos días para la tercera expedición Del Urabá a la Nieve. Usted puede apoyar a los aventureros. Como dicen Julián y Natalia, el viaje no es un título que dura toda la vida, es algo momentáneo. Es pasar el día subiendo para alcanzar la nieve y contemplar esa belleza por un instante. ¿Qué puede ser más importante para la conservación y el desarrollo sostenible de un país que contemplar esa belleza, aunque sea un instante?
Una nueva travesía
Del 1 al 8 de diciembre se llevará a cabo una nueva expedición Del Urabá a la Nieve, en la que esos dos maestros esperan que 33 nuevos jóvenes aventureros descubran los ecosistemas que hay en ese recorrido. Si usted desea colaborar con esta iniciativa haga clic aquí.