Foto: EL PAÍS
La política también se mueve por energía.
En la reciente consulta presidencial en Colombia, Juan Daniel Oviedo superó el millón de votos, una señal clara de que una nueva corriente empieza a circular en el escenario político nacional.
Más allá de la aritmética electoral, hay un detalle que resulta particularmente interesante.
Su campaña utiliza un rayo como símbolo.
Un rayo simple, directo, poderoso. Un trazo universal que sugiere energía, impulso y descarga creativa. Una línea que transmite movimiento, cambio y la capacidad de encender algo nuevo.
Explorar las múltiples formas en que la energía transforma el mundo implica mirar más allá de la tecnología o de la infraestructura. También implica observar las ideas, los gestos y las narrativas que movilizan a las sociedades.
El rayo pertenece a ese lenguaje profundo que las culturas han reconocido durante siglos.
En la naturaleza representa una descarga eléctrica capaz de iluminar el cielo en segundos. En la imaginación humana ha evocado poder, creatividad, revelación y transformación. En esta campaña aparece como una señal gráfica clara y reconocible.
Tal vez ese rayo representa algo más que una campaña.
Tal vez expresa una intuición colectiva: que Colombia necesita energía nueva.
Energía en la forma de hacer política.
Energía en la manera de imaginar el futuro.
Energía para crear caminos distintos.
Las propuestas en temas de energía limpia y sostenibilidad —cada vez más centrales para el futuro económico, ambiental y tecnológico del país— merecen análisis rigurosos y técnicos.
Hoy, sin embargo, la mirada se detiene en la forma.
En ese rayo que habla de impulso, creatividad y energía en movimiento.
Porque cuando una nueva energía comienza a circular en una sociedad, el sistema entero empieza a sentirlo.
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