Por Juan Daniel Correa Salazar – Energía Limpia / Clean Energy
Hay encuentros que se viven en el terreno, a un metro del panelista que ajusta una curva en la pantalla, entre el café rápido de pasillo y la cerveza del final del día. Y hay otros que se siguen desde la distancia, reconstruyendo capas de información: paneles, documentos, gráficos, declaraciones y comentarios que circulan en el ecosistema del sector.
El FES Chile 2025 me tocó así: desde Colombia, con el eco todavía vivo de lo ocurrido semanas antes en Bogotá durante el Future Energy Summit Colombia 2025, cuya crónica completa puede leerse aquí: Future Energy Summit 2025: la transición energética en Colombia ante su hora eléctrica.
La cercanía entre ambos eventos —FES Colombia hace un mes y FES Chile que terminó ayer— produjo un efecto interesante: lo vivido en Bogotá abrió un lente útil para interpretar lo que ahora vemos en Chile, y lo ocurrido en Chile, incluso seguido desde la distancia, está dándole un nuevo relieve a las discusiones que siguen activas en Colombia.
Vistos juntos, los dos FES muestran algo claro: la transición eléctrica latinoamericana ya no se mide solo en megavatios instalados, sino en cómo se está reconfigurando la operación real de los sistemas.
Chile 2025: el almacenamiento deja de ser novedad
En Santiago, el almacenamiento no se presentó como promesa, sino como parte de la realidad cotidiana del sistema eléctrico. Desde el Ministerio de Energía se describió un escenario donde la red se está ajustando sobre la marcha, mientras se incorporan grandes volúmenes de energías renovables y baterías.
Las cifras que circularon en el marco del FES apuntan a un Chile que cerró 2025 con alrededor de 1.800 MW de capacidad de almacenamiento en operación, con expectativas de superar los 2.000 MW en 2026 y avanzar hacia varios gigavatios en 2027, siempre que el marco regulatorio acompañe.
Empresas como Trina Storage LATAM y JA Solar han venido resaltando que el mercado chileno de BESS se ha consolidado como uno de los más activos del mundo y que la cadena de valor está madurando rápido: desde la manufactura hasta la integración y la operación.
En las sesiones técnicas del FES, se insistió en una idea que resume bien el momento: las baterías ya no son un adorno del sistema, sino un elemento que está cambiando la forma en que se planifica y se opera.
En Colombia, esa reflexión sigue formulándose en futuro. En Chile, se plantea en presente.

Operar en movimiento: lo que enseña la “Experiencia BESS”
La sesión conocida como “Experiencia BESS” mostró que, cuando el almacenamiento entra de verdad al sistema, el sistema entero se vuelve más dinámico.
Se habló de picos de demanda que se desplazan, horas críticas que migran, congestiones que aparecen en nodos distintos a los previstos y señales de precio más sensibles. Desde empresas como Sphera Energy, Huawei, Sungrow, Canadian Solar y Nordex, la mirada coincidía en un punto: la flexibilidad dejó de ser un argumento teórico y pasó a ser una condición de diseño.
En paralelo, análisis recientes de referentes regionales como Álvaro Villasante han subrayado que el almacenamiento se ha convertido en pieza estructural de la expansión renovable. No se trata solo de instalar más solar y eólica, sino de garantizar que el sistema pueda absorber, desplazar y gestionar esa energía de forma segura y económicamente viable.
Desde Colombia, todo esto funciona como una ventana al futuro próximo.
Regulación: cuando el metrónomo llega después de la música
En Bogotá, buena parte de las discusiones giró en torno a la regulación: cómo habilitar de manera creíble el almacenamiento, cómo acelerar la transmisión, qué servicios complementarios se necesitan y cómo dar señales económicas consistentes.
En Chile, la conversación es parecida, pero desde otro punto de partida. El país ya opera con grandes volúmenes de renovables y baterías, y por ello los decretos DS 10, DS 37, DS 88 y DS 125 concentran la atención. En ellos se juegan aspectos como la remuneración de transmisión, el reconocimiento de servicios y la integración formal del almacenamiento.
En ambos países se repite una idea transversal: la tecnología avanza más rápido que la norma, y la regulación está tratando de ajustar el paso sin perder estabilidad ni confianza.
El Cono Sur bajo una misma tensión
El panel regional moderado por OLADE reunió a representantes de Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile. Cada país llevó su propia lista de retos —flexibilidad, integración, costos, almacenamiento, seguridad de suministro—, pero quienes siguieron la conversación notaron un patrón común: los sistemas del Cono Sur enfrentan problemas muy similares, solo que en secuencias distintas.
Desde la experiencia uruguaya con alta penetración renovable, la argentina con integración y planificación, la paraguaya con generación hidroeléctrica estratégica y la chilena con masificación de renovables y BESS, se delineó una conclusión práctica: si los desafíos no respetan fronteras, las soluciones puramente nacionales también se vuelven insuficientes.
Bogotá y Santiago: dos momentos de una misma película
Tomados en conjunto, el FES Colombia y el FES Chile muestran dos momentos complementarios:
- Bogotá: foco en arquitectura regulatoria, señales económicas, riesgos, transmisión y condiciones para que el almacenamiento entre al sistema de forma ordenada.
- Santiago: foco en la operación real, congestiones, curvas de precio, ajustes en la planificación y presión sobre la regulación.
A pesar de las diferencias, ambos países comparten desafíos: transmisión limitada, necesidad de flexibilidad, marcos normativos en transición y una industria que quiere avanzar incluso en medio de la incertidumbre.

Pausa de café en FES Colombia, Bogotá: conversaciones que afinan miradas y conectan a la región.
Un movimiento que no espera el momento perfecto
La lectura combinada de ambos eventos deja un mensaje claro: la transición eléctrica latinoamericana no está esperando condiciones ideales. Está avanzando en medio de tensiones, ajustes, aprendizajes operativos y marcos regulatorios en evolución.
El almacenamiento dejó de ser marginal y se volvió protagonista.
La transmisión se consolidó como cuello de botella.
La regulación se volvió el centro del debate.
La inversión está atenta —y se mueve según cómo se resuelvan esas piezas.
Conclusión: la tensión positiva latinoamericana
Lo vivido en Bogotá y lo observado desde Chile muestran a una región entrando en una fase donde los sistemas eléctricos no solo se diseñan: se afinan, se prueban y se corrigen mientras funcionan.
A eso bien puede llamársele tensión positiva: un punto en el que ninguna pieza está completamente resuelta, pero todas avanzan. Un territorio vivo donde la transición deja de ser promesa y se vuelve práctica diaria. Un intermedio fértil en el que América Latina escribe su futuro energético en el mismo instante en que lo construye.
Y desde Energía Limpia seguiremos ahí —observando, narrando y conectando— porque es justamente en estos momentos de transformación donde se define el rumbo que viene.
Fuentes consultadas
Insumos del FES Chile 2025: intervenciones públicas del Ministerio de Energía de Chile; participación de empresas como Trina Storage LATAM, JA Solar, Sphera Energy, Huawei, Sungrow, Canadian Solar y Nordex; contenidos del panel regional moderado por OLADE.
Artículos y análisis especializados: Energía Estratégica, Lenergy Group, Intereléctricas, Portal Innova, documentación del FES Southern Cone 2025.
Información del ecosistema digital del sector: publicaciones, debates y reportes compartidos por actores clave de la industria en LinkedIn, incluyendo análisis sectoriales y reflexiones técnicas relevantes para la discusión regional.
Contexto regulatorio: información pública sobre los decretos DS 10, DS 37, DS 88 y DS 125.
Marco de referencia colombiano: crónica del Future Energy Summit Colombia 2025 publicada en Energía Limpia:
https://energialimpia.co/es/future-energy-summit-2025/





