El futuro de la agricultura está bajo nuestros pies

Jul 3, 2026 | Ciencia, Destacadas, Medio ambiente, Noticias, Soluciones

Por: Juan Daniel Correa Salazar
Large tree with exposed roots, illustrating how healthy soils support biodiversity, resilience, and the productivity of terrestrial ecosystems.

Durante demasiado tiempo alimentamos los cultivos. Ha llegado el momento de volver a alimentar el suelo.

La agricultura pasó buena parte del último siglo concentrada en producir más. Semillas mejoradas, fertilizantes, mecanización y nuevas tecnologías transformaron la forma de cultivar y permitieron alimentar a una población creciente.

En medio de esa transformación ocurrió algo silencioso.

Fuimos dando por sentado el activo más valioso de la agricultura.

El suelo.

Asumimos que siempre estaría allí, sosteniendo cada cosecha, regulando el agua, almacenando carbono y alimentando silenciosamente la vida. Mientras perfeccionábamos la agricultura sobre la superficie, el suelo comenzó a deteriorarse bajo nuestros pies.

Hoy conocemos las consecuencias.

Cerca del 95 % de los alimentos que consumimos depende del suelo y una parte importante de los suelos del mundo presenta algún grado de degradación. La erosión, la pérdida de materia orgánica y el deterioro de su actividad biológica reducen su capacidad para retener agua, almacenar carbono y sostener cosechas en el tiempo.

La degradación del suelo rara vez ocurre de un día para otro. Es un proceso acumulativo que, cuando se hace evidente, suele haber comprometido años —incluso décadas— de fertilidad.

La pregunta ya no es cuánto produce una hectárea.

La pregunta es cuánto futuro conserva ese suelo.

Un suelo vivo

Un suelo fértil no es tierra.

Es un ecosistema vivo.

Millones de microorganismos transforman la materia orgánica, reciclan nutrientes, forman humus y construyen la estructura que permite almacenar agua, intercambiar minerales y sostener la vida vegetal.

Cuando esa red pierde equilibrio, el suelo pierde resiliencia. Se compacta, almacena menos agua, disminuye su biodiversidad y exige cada vez más intervenciones para producir los mismos resultados.

Recuperar esa capacidad será una de las tareas más importantes de la agricultura en las próximas décadas.

Alimentar el suelo

Esa convicción dio origen a ARRE – Agricultura Regenerativa, Resiliente y Efectiva, iniciativa liderada por Andrés Ruiz Worth, quien ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional alrededor del cultivo del arroz. Décadas de trabajo en el campo lo llevaron a una conclusión sencilla: detrás de toda buena cosecha hay un suelo que funciona.

De esa idea nace Excélsior, un acondicionador de suelos concebido para fortalecer los procesos biológicos que sostienen la fertilidad natural.

Su formulación integra materia orgánica sometida a fermentación anaerobia, fibra vegetal, roca fosfórica, leonardita y biochar activado. En lugar de limitarse a aportar nutrientes, busca recuperar la capacidad del suelo para almacenarlos, transformarlos y ponerlos nuevamente al servicio de las plantas. Su propósito no es alimentar únicamente el cultivo, sino devolverle al suelo las condiciones necesarias para sostener la vida que hace posible cada cosecha.

Entre sus componentes destaca el biochar. Su estructura porosa alberga microorganismos, agua y nutrientes, mientras fija carbono de forma estable durante largos periodos. Integrado al proceso biológico de Excélsior, contribuye a fortalecer la actividad biológica del suelo y aumentar su resiliencia frente a condiciones cada vez más exigentes.

El mismo punto de partida

Con frecuencia se presenta la agricultura regenerativa y la agricultura convencional como modelos opuestos.

Toda agricultura comienza en el mismo lugar: el suelo.

No sorprende que una solución como Excélsior haya surgido desde el mundo del arroz. Pocos cultivos exigen tanto de un suelo como su capacidad para almacenar agua, conservar su estructura y mantener activa su biología.

Mantener altos niveles de productividad requiere mucho más que una buena semilla o un manejo agronómico eficiente.

Requiere un suelo capaz de responder, cosecha tras cosecha.

El arroz pone en evidencia un desafío que hoy comparten prácticamente todos los sistemas productivos.

Cuidar el suelo ya no es solo una práctica ambiental.

Es la base de una agricultura más eficiente, más resiliente y capaz de sostener su productividad en el tiempo.

Producir y regenerar dejaron de ser caminos distintos.

Hoy forman parte de la misma estrategia.

Volver al origen

La agricultura habla hoy de inteligencia artificial, sensores, automatización y agricultura de precisión.

Todas seguirán transformando el campo.

Ninguna reemplazará un suelo sano.

Porque allí nacen el agua que infiltra, el carbono que permanece, la biodiversidad que prospera y la productividad que perdura.

La próxima revolución agrícola podría no surgir de una nueva tecnología.

Podría comenzar con una idea tan simple como poderosa: volver a alimentar el suelo.

Porque el suelo nunca fue un recurso más. Siempre fue el origen de todo.

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